PRÁCTICAS QUE ME AYUDAN A ABRIR EL DESEO DE MIS ALUMNAS Y ALUMNOS
He hecho una reflexión que quiero compartir con vosotras y vosotros sobre las PRÁCTICAS QUE ME AYUDAN A ABRIR EL DESEO de aprender de mis niños y niñas en clase.
Me parece importante en primer lugar, diferenciar el deseo de la motivación. La motivación parte de la maestra, y es una estrategia para disimular un esfuerzo, es el puré que la madre tritura para que el hijo o la hija no note la verdura.
La motivación es una práctica que a veces abre el deseo de aprender, pero lo que busca fundamentalmente es que “se coma la verdura” de forma agradable. Pienso que es una buena práctica, porque la maestra tiene cuidado de evitar el aburrimiento y de facilitar el esfuerzo, con eso quiero decir que tiene en cuenta al niño y la niña y también el valor del contenido, siguiendo el símil, tiene en cuenta el poder nutritivo de esa verdura.
Siento que abrir el deseo es un paso más allá, diferente a la motivación, porque sale del niño y hace más fluido y natural el esfuerzo, muchas veces sin necesidad de camuflarlo en un juego, que podría ser el puré; y lo que es más importante acompaña el sentido de lo que se aprende.
Todo y teniendo presente que la apertura del deseo no es constante, ni lineal... para mí durante el curso, lo que es fundamental es que cada niño, cada niña, el mayor número de veces posible durante el tiempo que compartimos, pueda vivir y sentir el deseo de aprender.
Noto que para conectar con este deseo, hay unas condiciones básicas que lo posibilitan, que lo facilitan, que le acompañan. Creo que estas condiciones forman parte de nuestra responsabilidad como maestras y maestros. Creo que podemos facilitar un entorno agradable y una relación de confianza y de estima (que necesariamente incluye flexibilidad y respeto). Además, sentirnos implicadas en primera persona en lo que hacemos, en las actividades que proponemos, y evidentemente en aquello sobre lo que queremos aprender o saber más (tanto nosotros como ellas y ellos).
Detecto claramente que hay prácticas y situaciones que son un obstáculo clarísimo para conectar con el deseo de aprender, por ejemplo, un obstáculo es:
· El aburrimiento en contenidos y actividades repetitivas. Esos contenidos que vamos complicando progresivamente desde tercero de primaria, pero que suenan a lo mismo, aunque un poco más difícil porque son más largos, o con palabras más específicas, o con excepciones o complicaciones de la norma... Esas actividades que suelen pasar por el silencio, por el control de la presentación más que del contenido, por la copia y la aplicación... La repetición y la des-implicación llama al aburrimiento, y el aburrimiento, creo que mata el deseo.
· También lo mata la alienación de lo que debemos aprender y de lo que hemos de hacer. Hablar y sentir que hacemos lo que nos mandan, lo que dice el libro...)
· Evidentemente, creo que también mata el deseo de aprender la tensión en clase, una relación de poder...
Pero me interesa más profundizar sobre las prácticas que me ayudan a conectar con el deseo de aprender, no tanto como una fórmula segura, sino como un camino que puede conducirme a él.
Quiero hablar de tres prácticas, no para que sean las únicas, sino porque para mí son mucho significativas y forman parte de la cotidianidad del mí ser maestra.
Estas prácticas son:
1. Asumir como maestra, la responsabilidad de crear un entorno agradable, que acoge el trabajo, la convivencia. Me gusta titular esta práctica : SEDUCIR
2. Mantener una escucha abierta a las propuestas, inquietudes, potencialidades, dificultades, deseos... de mis niños y niñas. Me gusta titular esta práctica: VIVIR DEMOCRÁTICAMENTE.
3. Aprender y convivir en el marco del desarrollo de una relación de confianza mutua. Me gusta titular esta práctica: ENTREDOS.
Creo que estas prácticas conforman un camino que ayuda a conectar con el deseo de aprender, que ayuda a conectar con el sentido de aprender, y tienen muchas maneras de mostrarse, varias propuestas de acción que las hacen posibles, y que dependen de la maestra, de la clase, de la escuela... Quiero compartir con vosotras algunas maneras en que las concreto y las vivo, con mis niños y niñas.
La primera práctica de la que os hablaba es:
1. Asumir como maestra, la responsabilidad de crear un entorno agradable, que acoge el trabajo, la convivencia. : SEDUCIR
Quiero seducir a mis niños y niñas potenciando un ambiente en clase alegre y acogedor. Tengo en cuenta dos aspectos: El lugar donde vivimos y momentos de convivencia.
a. Con respecto a nuestra clase:
Me importa mucho que el lugar en el que vivimos nos convide a quererlo como un lugar propio, y no solo de trabajo. Creo que no ayuda la ausencia de decoración, o la decoración didáctica como eje fundamental, o lo que para mí es peor: la decoración decadente (que va rompiendo, perdiendo color, o que era de otro grupo...).
Les propongo al comienzo de curso, criterios que marquen la decoración de “nuestra casa”, por ejemplo:
· No hacer propaganda de nadie.
· Que esté presente nuestra vida (a través de fotos) y parte de nuestro trabajo (a través de murales del proyecto o de dibujos voluntarios, por ejemplo)
· También es un criterio que la decoración nos aporte relajación y estima por la naturaleza.
· Nos aporte sentido del humor y alegría.
· Nos aporte conciencia del mundo en que vivimos y de lo que queremos que cambie, o que valoremos
· Tengo la costumbre de recibir un nuevo curso con una parte del aula ya decorada. Me gusta que sea una muestra de acogida; poco a poco las otras paredes van llenándose y cambiado en función de la vida que compartimos en el aula.
b. El otro aspecto que cuido para crear un ambiente acogedor, es posibilitar momentos generadores de un bienestar que germina más allá de ellos y ellas mismo.
Me importa mucho crear momentos lúdicos que nos hacen reír o sonreír... A mí me gusta bailar y cantar, y procuro que a lo largo del curso eso aparezca. Supongo que si fuera graciosa contaría chistes, o contaría historias, o si fuera buena cocinera les llevaría un pastel alguna vez... Siendo que lo importante es vivir momentos lúdicos juntos.
En general los niños y niñas siempre me sorprenden, como se entregan, y la potencia de relación y de desinhibición que tienen unos pocos minutos.
También, si puedo, me gusta quedarme en clase en tiempo de patio, y si ellas y ellos no quieren bajar, pues se quedan. Yo estoy trabajando, y aparento que voy a la mía, pero con sonrisas, miradas... me comunico, y a veces damos entrada a alguna conversación.
Me gusta cuidar la presencia de la fiesta y el juego, sé que vivir esos momentos potencian una relación más desinhibida, más fluida... Con el grupo que tengo ahora, eso se ha traducido en que una tarde en el mes alternamos celebración de aniversarios y realización de juegos en el polideportivo .
Por último deciros que para mí uno de los procesos más completos que vivimos fuera del tiempo de clase, pero que revierte mucho en él es EL TEATRO.
Me gusta mucho la experiencia de la responsabilidad, del esfuerzo, de la emoción colectiva. Me gusta esa tensión que nos hace reír, “sufrir” un poco, e incluso que un enfado no enfado.
Después de SEDUCIR, otra práctica que creo que ayuda a la posibilidad de conectar con el deseo de aprender es
2.- Mantener una scout abierta a las propuestas, inquietudes, potencialidades, dificultades... de mis niños y niñas. Me gusta nombrarla: VIVIR DEMOCRÁTICAMENTE.
Me parece importando incidir en el verbo VIVIR.
En los colegios se ha institucionalizado una organización democrática, tanto por lo que toca a las maestras y maestros (coordinación de ciclos, coordinación de nivel, Comisión Pedagógica, Claustro, Consejo escolar...), como por lo que toca a los niños y niñas (Consejo de delegadas y delegados, representantes en consejo escolar...).
Esta organización rueda sola, y muchas veces como una carga añadida a lo que consideramos importante para la vida que nos une. Se muestra muchas veces con reuniones repetidas (porque lo que se aprueba en ciclo, se lleva a Comisión Pedagógica, y de allí a Claustro...), reuniones con contenido burocrático, aprobación de documentos que se van a guardar en el cajón, referencia a normas de convivencia de todas sabidas, decisiones sobre celebraciones colectivas a lo largo del curso...
Creo que la alternativa a esta burocratización de las conquistas democráticas no está ni en la inercia, ni en el mal menor, ni en su ausencia... Yo la encuentro en la potencia del verbo VIVIR: sentir y saber que la participación no solos es posible sino que también puede ser significativa para la nuestra vida en el “cole”.
Me percato que vivir democráticamente conecta con la implicación en primera persona en lo que vivimos y aprendemos en clase. Permite que el deseo sea más posible, porque te sientes miembro activo de lo que hacemos y queremos.
Pienso que vivir democráticamente, requiere de la escucha abierta de la maestra, eso para mí supone: Dar valor y hacer visibles propuestas, inquietudes, dificultades, deseos... sin las fronteras que pasan por el filtro de lo que se supone que podemos hacer o conseguir. Escucha abierta sobre todo lo que compartimos: convivencia, contenidos, evaluación, horarios, organización... y compartir que poder de intervención tenemos, y como decidimos la relación que establecemos entre todo aquello y nosotros.
Esta escucha abierta requiere contar con un cierto atrevimiento y flexibilidad, que no es precisamente la que favorece la estructura escolar... pero que tampoco lo hace imposible.
Pienso que hay actividades que posibilitan esta práctica de vivir democráticamente, por ejemplo:
· Asambleas de clase cuidadas como un momento importante de encuentro del grupo, en el que simplemente hablar de problemas de convivencia y de cómo nos sentimos viviéndolas ya es una medida en sí misma para intervenir en su mejora. Un momento importante en el que decidimos sobre aspectos del trabajo que nos importan, y sobre momentos de relación que inventamos. Asambleas que muchas veces suponen acuerdos que asumimos importante procurar hacer posibles, o analizar y entender porque no lo son.
· Otra manera de trabajar y aprender que nos ayuda a vivir democráticamente en clase son los Proyectos de trabajo. Esta es una forma de trabajar y aprender que nos coloca en una relación en primera persona con lo que queremos aprender, porque lo decidimos juntos, lo construimos juntos. Nos sitúa con una responsabilidad individual y colectiva respeto del proyecto, porque lo que hacemos y aprendemos nos afecta y nos importa individual y colectivamente.
Por último, después de hablaros de SEDUCIR y de VIVIR DEMOCRÁTICAMENTE quiero comentar otra práctica fundamental para poder conectar con el deseo de aprender:
3.- Aprender y convivir en el marco del desarrollo de una relación de confianza mutua: me gusta nombrar esta práctica ENTREDOS, porque es como dice una asociación de mujeres de Madrid, a la que yo estimo, y porque las relaciones se construyen y se sostienen entre dos personas.
Para mí es bastante evidente que la confianza que un niño siendo en él mismo, solo es reflejo de la confianza que tiene la maestra en él, de la misma manera que un niño nota la confianza de su madre en que aprenderá a hablar, a caminar, a comer... e incluso la ilusión y la alegría mutua y sincera que sienten los dos cuando lo consigue.
Observo que cuando mis niños y niñas sienten que confío en ellos y ellas, y que los trato con respeto y los escucho... Me lo agradecen con naturalidad y estima, y lo que es más importante, se crecen, dan más y hacen más y mejor.
La confianza necesita estima, pero no es “caldo”, no son buenas formas o mucha paciencia y aguantar “carros y carretas”... para mí, en una relación de confianza aflora la libertad y la responsabilidad, así como la capacidad y la potencialidad que todos y todas tenemos... y desde ese marco de confianza procuro abordar los conflictos, los errores, las situaciones a mejorar...
He observado que para hacer posible una relación de confianza cada niño/a, así como yo misma, necesita sentirse reconocida y estimada por mí en singular y no solo como miembro del grupo.
En mi clase, algunas actividades que sostienen esta práctica son:
· Provocar una entrevista formal individual entre mí y cada uno de ellas y ellos, entrevista de partida sobre aspectos del trabajo que nos une, pero que suele dar más de si, por ejemplo:
o Me cambió la mirada respeto de Joaquín, porque me va mostrar unas reflexiones y una conversación que en clase no voy ser capaz de intuir.
o O también he podido hablar con Josep de su vida en casa, de sus noches con miedo...
· Otra actividad para favorecer la confianza es que en la autoevaluación trimestral me escriben, y yo también los escribo. Noto que muchas veces en el lenguaje escrito se abren con más madurez que en el oral, en el que yo, si no me controlo, marco más la línea de la conversación y de las observaciones.
· Otra actividad muy sencilla, pero muy potente es despedirme de cada uno de ellos/as algunos días cuando se van, y hacer alguna “bromita” personal (desde chocar las manos, o el regalo de una golosina, o el recuerdo de estudiar o leer esa tarde...).
· Provocar un encuentro individual después de algún incidente, fundamentalmente si mi respuesta ha sido vehemente. Me es muy importante no intervenir en los conflictos que pueden surgir solos desde el enfado o la preocupación inicial que provocan.
SEDUCIR, VIVIR DEMOCRÁTICAMENTE Y LA CONFIANZA ENTRE DOS son prácticas que vivo como posibilidades para conectar con el deseo de aprender de mis niños y niñas, y también del mío. Son prácticas que tengo a mi alcance, y que sé que tienen múltiples maneras de mostrarse, porque las actividades que a mí ahora me sirven no son el único camino, incluso ni para mí, porque las actividades van cambiado en función del grupo, de mi momento de vida, del “cole”... pero las prácticas de las que hablo, son un camino que enmarca de una manera estable su potencialidad de conectar con el deseo de aprender, que es una de las joyas que permite el crecimiento individual y colectivo, y uno de los sentidos de educar.
Inma Coscollá
M.R.P. Gonzalo Anaya Valéncia
Original en catalán en http://www.fmrppv.org/eecc/LECTURES/inma.pdf